30 nov. 2012

Zapatito rojo

Él me invitaba de vez en cuando que salía para allá, todo dependiendo del humor que tuviese para el día en que le tocaba ir para allá. Yo a su vez, aceptaba de vez en cuando, cosa que también dependía del humor en el que me encontrase al preguntar.

Cuando salíamos hacia Morelos, al rancho de sus abuelos, el camino tomaba alrededor de una hora y cuarto. Ahora mismo ignoro las razones por las cuales, por aquella temporada, viajaba tan seguido para aquél lugar.

Estando en el rancho saludaba a todo el mundo, siempre ignorando la cercanía o lejanía familiar respecto a mí tuviesen. Eran gente sencilla y vivían del campo, y con estilos de vida tan diferentes, los temas de conversación se reducían, eso y con cada visita.

A ello, se le fue sumando la desaparición de la emoción por ver los corrales de gallinas, la novedad de ver a los cerdos y cabras en sus familias, los grupos de vacas pastar por los montes a lo lejos, y los perros y gatos en su cacería incesante por ratones interminables. Caminar fue el siguiente movimiento, pero fue la misma historia con las casonas, los cuartos y las bodegas apartadas llenas de antiguos y oxidados objetos.

Lo siguiente fue caminar por los alrededores, pero hacerlo solo era de un considerable peligro. El terreno no estaba del todo labrado, así que la posibilidad del acecho por serpientes de campo era grande, y no habría siempre alguien con las ganas de acompañarme a caminar por dos horas seguidas. Al final, se pararon mis ganas en seco, con la noticia que había gatos de montaña en los terrenos y que algunos habían llegado a matar a parte del ganado.

Con el tiempo, y con permiso de llevarlos, comencé a cargar CDs para escucharlos durante el camino y durante mi estancia allá. Tenía un walkman para poder escucharlos para mí mismo, pero hacerlo desde el auto era lo mejor... de pronto, nacían los bajos de entre los acordes de guitarra,  los pequeños y escondidos arreglos y se distintas voces dentro de los coros. Las bocinas a cada extremo del carro, en las puertas, los asientos de atrás y al frente daban una sensación de captura, de envolvimiento en ella.

Cada disco que tenía en aquél entonces, lo llevaba de viaje para allá para re-descubrirlo.

Las canciones en aquél lugar no podían ser interrumpidas por nada, no había carros pasando, ambulancias gente ruidosa, ni hermanos ni madres alrededor. Solo en el aire se encontraba el zumbar de los mosquitos, que parecían volar llevando el ritmo de las guitarras consigo y algún mugido perdido a lo lejos.

Reclinar el asiento, encender el carro en neutral, apagar luces interiores y exteriores y con el álbum dentro, presionar PLAY al radio. Esa era mi rutina, con el último paso repitiéndose al cansancio.

Así, nacieron y renacieron In your Honor, First Impressions of the Earth, You could have it it's so much better, Hotel, discos mezclados y entre otros varios.

Con el tiempo, aquella temporada terminó y mi pasión por los discos se perdió un poco con los viajes para el rancho, sin embargo, aún conservé mi walkman, aunque no tuviese sistema de sonido envolvente. Los años pasaron y nunca volvimos a regresar para allá, al menos no juntos.

Extraño el carro en que solía viajar, y todo lo que viajaba dentro de él. Extraño re-descubrir discos y perderme sin moverme del asiento reclinado del zapato rojo.

14 nov. 2012

A sweaty shaky sequence de sentences sobre security

- Seguridad no es hablar fuerte. Ni con blasfemias ni gritando.

- Seguridad no es tomarse constantemente fotos. Ni colgarlas en todos lados ni el tratar de lucir cada vez más pálido, más combinado, erótico o provocativo en cada una.

- Seguridad no es decir frases propias del corporativismo brillante. No es decirse a uno mismo líder ni el repetir a mismo religiosamente mantras llenos de positivismo.

- Seguridad no es ser un rebelde. No es ir en contra de lo establecido, ser un marginal por decisión propia o de gustos alternativos.

- Seguridad no es tratar de verse más estéticamente bello. Ni adelgazar, ni el vestir, ni el enseñar o hacer masa muscular.

- Seguridad no es hacer todo lo posible. Ni tratar más ni buscar más ni ir por el todo.

- Seguridad no es complicación. No está en el orgullo ni en la superioridad. No es intolerancia ni pretensión.

- Seguridad no es inteligencia. Ni "saber" más, ni escribir y hablar en muchos idiomas.

- Seguridad no es tu estatus social. Ni tu trabajo, cantidad de dinero o tus conexiones en las altas esferas ni tu celular ni tu carrera.

- Seguridad no es algo comprable. No se encuentra en el nuevo App de tu celular ni es una capítulo más en la currícula de tu carrera.

- Seguridad no es matar a Dios. No es cavar una tumba a la superstición usando la frase atea de moda.

- Seguridad es algo abstracto cómo todo lo relacionado a lo espiritual, relativo a la naturaleza humana y por lo tanto, corruptible.

- Seguridad es muchas cosas de las que no estoy seguro, pero de lo que si estoy seguro es de las cosas que no lo son.

13 oct. 2012

Complementariedad

Hemos llegado a esta vida incompletos, desde el nacimiento.

Desde el primer momento de conciencia en la niñez, nos miramos al espejo, y es en ese momento en que lo sabemos. Vemos con detenimiento la imagen de nosotros mismos, proyectada en el cristal. Y sabemos que hay algo en esa imagen que está mal. Que hay algo que falta ahí.

La realidad que se observa, es un bosquejo del rompecabezas con el que hemos sido creados, uno armado a partir de piezas al azar de lo que alguna vez seremos, de lo que realmente somos. En este rompecabezas sin terminar se pueden apreciar figuras y siluetas, momentos, actitudes y sentimientos, más nunca se observa una imagen completa.

Nos han dado solo unas cuantas piezas y está en nosotros, en nuestro trabajo, ponerlas en su lugar, así cómo buscar el resto de ellas para completarnos.

Algunas piezas las obtendremos de las personas que encontraremos en nuestro peregrinaje, de las cercanas, de las lejanas o de las menos esperadas. No debemos de menospreciar la fuente de nuestras piezas, sino a las piezas en sí.

Algunas piezas nos costarán esfuerzo y dedicación, serán difíciles de encontrar, de poner en su lugar o de que puedan embonar. Algunas vendrán acompañadas de angustia y lágrimas y les llamaremos cicatrices. Otras, vendrán con orgullo y triunfo, y las consideraremos logros.

Durante nuestro camino tomaremos piezas que creemos nos pertenecen y andaremos unos cuantos pasos con ellas, para al final darnos cuenta que no solo no embonan y nunca lo harán, si no que también son una carga en nuestro andar. Las llamaremos culpas y remordimientos.

Algunos las tirarán, y otros simplemente se acostumbrarán a su peso, sin importar el forzar su encaje dentro de sí mismos o la presión que produzcan en sus espaldas.

Al final del día, quizás nunca terminemos de construir nuestro propio cuadro. Nunca terminaremos de recopilar nuestras piezas y nuestra imagen jamás logrará ser nítida al espejo, pero esa es parte de la magia de la vida.

29 ago. 2012

¿Quién vigila a los comediantes?

Ella ya me había visto derrotado varias veces. Pero nunca como en aquél día.

Mi sonrisa era la única señal en mi rostro de posible alegría, pero por dentro me mordía los labios para no romperme en lo que llevaba de la mañana.

Ella lo sabía, y apuesto a que lo supo desde el primer momento en que me vio llegar, y sin embargo; espero hasta que encontramos un momento a solas para preguntar el porqué de todo. En un acuerdo tácito, mi sonrisa aparente le había dicho que tenía que tomarse el tiempo para hacerlo.

Me tomó de la mano mientras me encontraba distraído y me llevó lejos de la multitud. Mientras avanzábamos por el jardín central, cada vez más la gente y su bullicio se iban sustituyendo por grandes árboles y su batir de ramas al viento. Y al fin, cuando no hubo cuadro en el que se encontrase gente, se detuvo ella y me hizo sentarme de frente a frente.
- ¿Por qué sigues haciendo esto?- Preguntó cortando el silencio. Tomaba fuerzas para mirarla a los ojos, pero sin embargo mis labios aún seguían siendo mordidos.
- Porque así es como debe de ser. Así es como me gusta ser y no tengo más opción.
- Y si es así que sufres solo, ¿te gusta estar seguir así?
Llevé mi mano derecha a mi bolsillo del pantalón y solté una pequeña risa, al sacarla de él, tenía un chocolate. Estaba derretido y repartido entre mis dedos.
- ¿Gustas?
- Lo estás haciendo de nuevo...
-¿Qué?- Claro, cómo si no supiese la respuesta ya. Pero, quizás, deliberadamente recordé ese chocolate que había comprado para más tarde para ese momento en específico. Necesitaba la respuesta que ella me daría. La quería, y más aún, me era necesaria.
- Darle vuelta a todo con un chiste. No tomar nada en serio... volcar todo hacia la comedia.
- Es parte de mí. Si el mundo no ríe, hazlo reír.
- ¿Por qué no puedes admitir que estás triste? Todo es juego, todo es burla y nada es en serio... ¿Por qué te contienes? ¿Qué clase de orgullo tienes?
- Hace ya mucho tiempo [...] desde hace ya mucho tiempo... siempre tuve amigos, gente a mi alrededor con problemas. Serios problemas. A algunos los llevó a hacerse cosas terribles, o decirlas o siquiera pensar hacerlas. Alguien tenía que estar con ellos. Alguien cómo ellos en principio, en naturaleza más no en respuesta. Me convertí en un pilar... o al menos quería parecerlo.
- ¿Y cuándo habrá tiempo para ti?
- No, no... no hay tiempo para uno mismo en la vida del héroe.
- [...]- Suspira mientras lentamente cierra los ojos. Ha reconocido la palabra clave.
- Soy un héroe. Donde los demás han fallado y caído, habrán de voltear y mirarme a mí. Incorruptible, sin desistir. En su momento, hubo gente necesitó a alguien así y yo escogí serlo para ellos. La gente aún necesita a alguien así... y ahora es que necesito serlo más que nunca.
- ¿Y crees que salvando a los demás te podrás salvar a ti mismo?
- Es una posibilidad. Ya me he encontrado con ese pensamiento en el pasado.
- ¿Y qué hay de cuando falles?
- No fallaré... no por ellos.
- ¿Qué no has visto suficientes películas de superhéroes como para saber como terminan ellos?

28 jul. 2012

Rosas en el Mar

Estoy en la parada del metro esperando por ella, he llegado con algo de tiempo de sobra. La última vez que nos vimos llegué tarde por un par de minutos y no dejó de hacer comentarios al respecto aquella cita.

Doy vueltas en círculos entre andén y andén. Me coloco la mano sobre mi pecho y mi pulso está por las nubes, como se me ha hecho costumbre en los instantes antes de verle. Trato de controlarme... también una vez que salimos me hizo esa observación. Pero es más sencillo llegar temprano, así que por el momento, solo una cosa a la vez.

Es así que me llega la hora en la que acordamos vernos y ella no aparece. Los latidos siguen igual de fuertes y el hecho de que haya llegado con minutos de sobra ya no importa más.

La gente sigue saliendo y entrando a los carros del metro, se cuentan por decenas y podría salir de cualquier lugar, de entre cualquier abrir de puerta o escondida en la multitud. Siempre me he considerado bueno para reconocer rostros y personas pero con ella no.

Ella me atrofiaba aquél instinto e inhibía mi vista... quizás podría ser aquella chica del vestido rosa pastel. Pero unos pasos más revelaron que no era así. Sigo dando vueltas de lado a lado de la estación, miro en todas direcciones y...

- Quizás es esa chica de blusa color café y pantalones azules porque quería hoy sentirse casual.
- Quizás ahora mismo está viéndome en secreto porque encuentra graciosa mi obvia desorientación.
- Quizás es aquella, la de mochila gastada y sucia, porque es muy floja y descuidada con sus cosas.
- Quizás por fin quería revelarme que por dentro es una otaku y es la hembra de playera de Death Note y bolso con muchos pines diversos de animé.
- Quizás hoy despertó increíblemente pequeña.
- Quizás es la chava del peinado desordenado y ropas olgadas porque quiere asegurarse de que me agrada sin importar la forma en la que esté peinada.
- Quizás hoy haya decidido vestirse completamente de negro porque quiere revelarme que es un ser oscuro y de gustos metaleros.
- Quizás es la que está acompañada de esa chica porque se la topó en su mismo vagón y piensa que es desagradable decirle "Perdona, es que ya tengo un plan... y no es precisamente con un amigo."
- Quizás no es nadie porque simplemente decidió que no quería verme hoy.
- Quizás es aquél sujeto hombre.
- Quizás el vehículo en que ella viajaba estalló en llamas y yo soy el único culpable de su muerte al haberla invitado a salir.
- Quizás es aquella señorita del cabello de colores porque hoy se despertó queriéndose sentir la Ramona Flowers de mi Scott Pilgrim.
- Quizás sea la mujer que lleva el paleacate, perforación en la nariz y blusa ombliguera en un ataque de antojo de barrio.
- Quizás es la chica de la falda demasiado corta de mezclilla y escote pronunciado porque espera impresionarme luciendo de manera atractiva.
- Quizás hoy despertó increíblemente gorda.
- Quizás decidió que ya era hora de que conociera al hijo que trae en brazos ahora mismo.
- Quizás ahora mismo está escondiéndose de mí para tomarme por sorpresa por la espalda y cerrar mis ojos.
- Quizás hoy despertó increíblemente asiática.
- Quizás piensa que ya es tiempo de que nos veamos con otras personas y es aquella chica que va de la mano de aquél sujeto.
- Quizás simplemente esté llegando tarde porque está llegando tarde.

25 jul. 2012

Defectivo

Dinero, dinero, dinero.

Varo, feria, morralla, efectivo, créditos y capacidad adquisitiva.

Desde chico siempre tuve grabado en mi mente la idea de que el dinero era la causa de todos los males.

La fe del mundo, dirigiese a donde se dirigiese parecía estar emparentada a la cantidad de ella que se debía la gente entre sí. Y ya en un nivel más familiar al mío, la falta o el exceso de él siempre era un problema.

Si había exceso de él, te volvías en un avaricioso, tomabas un gusto por él y estabas atado a la búsqueda de querer más y más. Ya si había una falta de él...

Fue duro crecer de niño con mi nivel socio económico. No lo digo porque alguna vez hayamos pasado hambre, falta de servicios básicos o hubiese habido deudas con crecimientos exponenciales. Por alguna razón rara, de los pocos amigos que llegué a tener durante primaria y secundaria, la mayoría, sino es que todos ya tenían en casa una consola de videojuegos y en sus manos, había un GameBoy Color o ya más adelante, un Gameboy Advance.

Tampoco había escapatoria de ello en vacaciones. Mis tíos y tías siempre tuvieron muchos más ingresos de los que hacía mi padre. Así que la estadía durante vacaciones en sus casas siempre se fue para mí en una mezcla de diversión culpable con incomodidad verdosa, viendo hacia el suelo durante las noches, desde la ventana de algún cuarto del segundo piso de alguna de sus casas que visitáramos.

Me sentía culpable por sentirme así, y apestaba sentir eso hacía tus amigos y familiares.

Así fue muy sencillo para mí crear una especie de complejo de inferioridad basado en el dinero que tenían los demás, el cual se sumó al ya en camino paquete de inseguridades de la pubertad.

Así pasaron los años y, con el tiempo y muchas otras cosas más, el temor fue desapareciendo y aquella inferioridad fue siendo re-emplazada por otros miedos e inseguridades que fueron surgiendo durante mi camino hacia la edad adolescencia y con sus respectivos cambios de perspectiva del mundo.

Más recientemente, esa ansiedad volvió a aparecer en mí cuando llegué a la ciudad y empecé a tener salidas con mujeres que apenas y conocía. Uno de los riesgos que se tienen es que nunca sabes cuáles serán los estándares de dinero a gastar por salida y había ocasiones en las que al final del día acababa sin poder cenar o caminando parte del camino a casa porque estaba corto de efectivo.

Era incómodo aquél momento del día en que, en medio de una plática, reciben un mensaje al celular, lo sacan de su bolsillo y notas que es un iPhone 4.

No era un Game Boy Color, pero causaba el mismo efecto en mí, y me sentía niño de nuevo.

Tomo un respiro y me controlo a mí mismo. Deja de ver al celular.
¿¿??- ¿En qué estábamos?

Al final del día, solo espero haber cambiado lo suficiente y portarme a la altura de mi edad. Solo espero haber madurado lo suficiente como para al menos lucir que no me importa...

4 jul. 2012

Ella se llamaba así

El día en que a ella la conocí estaba perdida, como yo.

Nos encontramos en las escaleras y por alguna razón, rápido intuyó que también estaba extraviado. Se presentó conmigo y nos dimos cuenta que ambos habíamos tocado en el mismo salón de clase. Íbamos hacia el mismo lugar así que resolvimos buscarlo juntos. Estábamos llegando tarde por un par de minutos.

Entre subiendo y bajando escaleras, noté algo que no sé si debía de haberme dado cuenta, o por lo menos tan rápido, tenía un tatuaje en la base de la espalda. Era negro con detalles en rojo, de diseño tribal e iba de lado a lado, naciendo con la simetría de su columna.

Me sentí extraño al verlo salir de entre la apertura de sus ropas, como si hubiese entrado a una habitación de una casa a la que no se supone que estaban bienvenidos los recién llegados. Más tarde me di cuenta que no tenía porqué sentirme así, sin embargo, a veces miro hacia atrás y aún recuerdo aquél sentimiento.

Encontramos por fin el lugar donde debíamos tomar la primer clase de nuestro primer día de Universidad. Era un laboratorio, el color blanco era omnipresente y todas sus sillas ya estaban abarrotadas. Nos sentamos en donde pudimos, eso ayudó a que permaneciéramos juntos, lo cual agradecí para mis adentros.

Era la chica de porte experimentado y en cuya espalda había un tatuaje. No era lo ideal, pero por ahora era lo único que tenía.

Pasaron las horas del día, con ello las presentaciones de las materias con sus profesores y entre cada una de ellas emergieron nuevas personas, todas dotadas de rostros y personalidades nuevas y la chica del tatuaje era la única persona en común entre ellos. Hablaba con ellos con una facilidad envidiable y me empezaba a alegrar el hecho de que fuese lo único que tenía.

Con los días, la chica resultó ser mujer. Una mujer que vivía sola en un pequeño pero cómodo lugar a las afueras de la ciudad. Una independiente que se mantenía así misma con un empleo los fines de semana.

Con las semanas, la mujer creó un sólido grupo de compañeros que compartieron grandes momentos juntos dentro y fuera de clases. Luego, con el tiempo, aquellos compañeros harían su lugar más allá de ella.

Con los meses, la vida de la mujer fue cambiando más allá de lo que pudiese saber. Y tomó decisiones que ha nadie en la vida jamás he vuelto a ver tomar.

Con los años, aparecieron para la mujer oportunidades para volver, así como oportunidades para seguir vagando por el país. De vez en cuando tenía noticias de ella por ahí de parte de las personas que dejó aquí o a través de ella misma en alguna plática rápida por Internet.

A veces, miro sus fotos que aparecen coladas por ahí. Ella ha viajado tanto en tampoco tiempo y creo que ya ha encontrado su lugar en muchos, sin embargo yo sigo en el mismo lugar y creo que sigo igual de perdido a como ella me encontró.

24 jun. 2012

La Prom

Desde pequeño, siempre los había visto de cuando en cuando. Eran esos pequeños espectadores inadvertidos de todo evento social que involucrase gente joven y feliz, de esa cuyo ambiente es la fiesta y tienen lo que parecen ser vidas promiscuas.

Se les encontraba en esas películas de adolescentes cuyos temas siempre parecen ser los roces de los perdedores contra los populares, y estos solían comúnmente estar del lado de los populares. No importase que fuese el capitán del equipo de americano, la líder de las porristas o solo un Don Juan de aquellos por el cielo favorecidos, era su especie de estandarte de identidad.

También, y alejados de aquellos hostiles estereotipos de ambientes escolares, se hallaban de vez en cuando en lugares más acogedores y amables, como las series de televisión. De cuando en cuando, a los amigos les tocaba por asistir o ser anfitriones de alguna fiesta o reunión, y era ahí que, de alguna forma u otra, se infiltraban entre los invitados e iban de mano en mano.

Y yo solo podía intuir su contenido.

Por mucho tiempo me quedé con ese vago pensamiento rodeando por mi mente. Imaginaba a veces con el día que llegase a crecer lo suficiente como para alguna noche por azares del destino me encontrara con alguno de esos pequeños. Lo tomaría en mano, miraría dentro de él y sabría por fin que lo que concluí desde pequeño era verdad.

También pensaba sobre las personas con las que estaría rodeado y en las condiciones en que estaría, ¿serían populares? ¿serían perdedores tratando de revelarse en contra del sistema y su naturaleza? ¿Se trataría de chicos de mi mismo colegio, estaría rodeado de desconocidos y yo solo sería un invitado más? ¿Será que mi mejor amigo me invitó convenciéndome que sería una experiencia que jamás olvidaría? ¿Estaría emocionado por ello o me sentiría presionado?

Y conforme pasaron los años, dejé de pensar en ellos. Olvidé todo lo que respectaba a esos pequeños, en la gente inexistente, en los amigos invisibles y en mis ansiedades infundadas de eventos imaginarios.

Un día, un amigo, de los grandes que tengo y que me superan en edad, llamó a mi casa. Me había invitado a su casa para celebrar que se había graduado ya y que por fin se iría a estudiar lejos. Acepté sin pensarlo, siempre había sido bienvenido en esa casa.

Hicimos lo usual de ponernos al corriente, esa sería una de esas veces en las que nos encontrábamos después de meses de no vernos, así que platicamos por horas.

Agotándose ya las cosas interesantes que había preparado de camino a su casa y le quería decir, y espero que las suyas también, un amigo de él llama a su celular. Le invita a una fiesta en su casa, del centro de la ciudad. Estaba también invitado yo. Luego de platicar un poco, acepté. Si llegase a atraparnos la noche celebrando, podía dormir en su casa y aprovechándome de ello, podía seguir festejando el resto de la noche.

Dimos con ella fácilmente. Era una casa grande, de frente muy bien elaborado, todas sus luces estaban encendidas y la música escapaba de sus ventanas. Entramos y fuimos bienvenidos por el amigo de mi amigo. Se veía ya estaba entrado en ambiente y controlaba la música que era de fondo. Di un vistazo rápido a todos los grupos de gente formados ya para mi llegada, mientras mi amigo iniciaba una platica sobre los buenos tiempos con el anfitrión. Había poca gente conocida por mí, lo suficientemente conocidos por mí como para poder entablar una platica apropiada.

Y entonces me llegó aquél patrón. Entre todos aquellos grupos, de gente alegre y joven, cuyo ambiente parecía ser la noche musicalizada, varios, repartidos en todos los círculos, en sus manos guardaban algo que me llevó a más allá de mis primeros años de edad, esa figura inconfundible de los vasos plásticos rojos, cuyo interior es blanco.

Dejé de ver mi alrededor para analizarlo. La música era buena, mis ropas eran adecuadas, las personas agradables, chicos y chicas por igual, y mi corte de cabello no estaba tan desentonado.

Miré hacia mi amigo, recién había terminado su platica y se acercaba a mí. En cada mano cargaba con uno de esos vasos llenos, e hizo una seña con la vista para que tomase uno porque era para mí.

Tomé el vaso y olí su contenido. Bebí un poco y sentí un picor en la garganta para el cual no estaba preparado.

Volví a dar una mirada hacia mi alrededor, pero no parecía haber nerds, vivales o ninguna clase de sensualidad o erotismo en el aire. Eran tan solo gente hablando, con alcohol en las manos y dentro de esos vasos rojos.

15 jun. 2012

La villa de Dalí

Sería la última vez que visitase mi casa que había dejado atrás hace ya un tiempo. Sería así porque estaba a pocos días de recibir a los primeros inquilinos que habrían de rentarla. Ya no sería mi casa nunca más, sino la de otra familia, así que en la primera oportunidad en cuanto pude visitar la ciudad, me dí tiempo para ir a visitarla por una última vez. Pedí una de las copias de las llaves a mi madre aprovechando que tenía que recoger unos recibos y unas últimas cosas que se habían quedado allá.

Llegué a la calle de mi antigua colonia. No encontré vecino alguno fuera de sus casas ni caminando por las banquetas, lo cual agradecí. Hubiese sido incómodo ver de nuevo alguno de esos rostros familiares y sin embargo desconocidos después de pasado tanto tiempo.

Caminé un poco y me hallé por fin de nuevo frente a la casa. Puse la llave en su cerradura y le giré. La cosa no abrió. Un par de intentos más y recordé algo importante, la puerta de la casa tenía truco. Justo en el momento de girar la llave, tenías que elevar la puerta de forja entera, para que el pasador pudiese entrar de nuevo suavemente y así abrir la puerta.

Por fin abrí la puerta y rápidamente me llegó aquél aroma, el singular olor a encerrado escapaba de la casa y me daba la bienvenida.

Di un vistazo general a todas las habitaciones. El lugar estaba solo excepto por unas cuantas sillas plásticas que decidieron dejar mis padres. No había visto el lugar así desde aquella ocasión que en familia nos pusimos a pintar la sala y el comedor y se contrató un hombre para poner baldosas en el piso.

Pero esta vez, el vacío se sentía diferente. Había polvo acumulado en el suelo, así como cadáveres de insectos y telarañas esparcidos por toda la casa. Decidí aprovechar la situación y tomarle fotos a la casa, sería la última oportunidad que tendría de ver el lugar así.

Unas cuantas tomas del cuarto de mis padres, unas de la cocina y otras para la recepción y la sala, sin olvidar el baño. Para el final, dejé mi cuarto, mi viejo santuario cubierto en dos tonos diferentes de azul. Entré y tomé fotos de cada rincón y desde cada perspectiva posible. Aproveché la buena iluminación que me brindaban las dos ventanas grandes y los ingeniosos tragaluces que se encontraban a mitad del techo.

Estaba saliendo y pensé tomar una última foto desde la perspectiva de una persona que entrase a el. Una súbita corriente movió la puerta de su lugar. Le detuve en su lugar y retrocedí unos cuantos pasos, alejándome de la habitación.

En ese instante, mientras cuidadosamente iba buscando el mejor ángulo para mi última foto del álbum, me detuve de manera instintiva.
-Espera, no vaya a chocar contra...

De pronto, los sillones, los cuadros colgados, las fotos y la alfombra, junto con el resto de los muebles, se desvanecieron ante mis ojos. El vacío de la casa se había convertido también en el mío.

9 jun. 2012

Más allá del bien y el mal

Estaba viajando por la ciudad en la parte trasera del auto familiar el otro día, hasta que una luz roja nos paró de golpe.

A nuestro lado, se había detenido también una de esas camionetas gigantes de último modelo y que con solo verlas sabes que no favorecer en nada al medio ambiente. Como sea, esto no me hubiese parecido del todo raro, en el norte del país se acostumbran mucho ese tipo de autos imprácticos para la ciudad, sino hasta que miré más allá de mi ventana hacia el conductor de aquél monstruo.

Era un sujeto que se veía bastante joven como para conducir alguna de esas camionetas, tenía la cabeza afeitada y adornada su oreja con uno de esos pendientes que hicieron famosos los cantantes de música popular. Por lo que alcanzaba a distinguir, llevaba muy seguramente una de esas playeras de impresión estilo de tatuaje que usan ahora los jóvenes... pandilleros o "en onda".

Como verán, no fue muy difícil para mí alucinar sobre que en cualquier momento un comando armado de "los malitos" aparecería a lado de nosotros de sorpresa por causa de aquél sujeto y comenzaría a matar a todos alrededor o simplemente que nos lanzarían una granada encima. Aseguré el cinturón de seguridad a mi pecho y me hundí en el asiento pensando en lo peor.

Pasaron los segundos, dentro de mi sicosis y sin darme cuenta, el semáforo había cambiado ya a verde y el misterioso chico de lado de nosotros arrancó a toda máquina, fue el rugir de la enorme máquina la que me sacó de mi trance. El corazón me volvió al pecho y seguimos nuestro camino.

Pero, esa experiencia me había dejado muchas preguntas, ¿debería de detenerse a cualquier hombre que condujese una camioneta así, solo por el hecho de vestirse de forma popular?, ¿se deben de violar los derechos civiles para salvaguardar la estabilidad social?, ¿hasta qué punto está bien o mal el vigilantismo y la intervención del ejército en las calles?

Cuales quiera que fueran las respuestas, siempre me quedaré con ese extraño sabor de boca de haberme sentido como un paranoico y un racista intolerante.

19 may. 2012

Esos momentos del año en que...

"El año en quejas y observaciones"

-Esos esperanzados días del año en que estás lleno de optimismo y aún tu "lista" no está en la basura.
-Esos impotentes días del año en que te das cuenta que tus horas están contadas.
-Esos jodidos días del año en que todo se viste del mes del amor.
-Esos engorrosos días del año en que tienes que guardar toda la ropa y colchas de frío porque cada vez estás sudando más de camino a la escuela.
-Esos desanimados días del año en que te das cuenta que has olvidado por completo la "lista".
-Esos incómodos momentos del año en que suben los precios de toda la comida chatarra y terminas hablando de "que en tus tiempos con 5 pesos tenías lo suficiente para una comida balanceada".
-Esos desagradables momentos del año en que aún tienes que bañarte con agua caliente porque tu cuerpo está aún acostumbrado, a pesar de que allá afuera está a 35°C.
-Esos iluminados días del año en que te das cuenta el porqué has estado haciendo las cosas del modo en que las has estado haciendo durante toda la vida.
-Esos cansados momentos del año en que te levantas por culpa del sol, a través de la ventana, cortesía del cambio de horario.
-Esos austeros días del año en que lo único que hay para comer es capirotada y nopalitos.
-Esos indigeribles días del año en que todo el mundo usa frases más sobadas que la fregada para rendir tributo a sus madres.
-Esos fanáticos días del año en que sujetos salen a la calle vestidos en las playeras de sus equipos.
-Esos aguados momentos del año en que los días son tan calurosos que no se puede salir de casa.
-Esos extraños momentos del año en que pasan películas de navidad en verano.
-Esos deprimentes días del año en que te das cuenta que el semestre se está acabando y no cumpliste nada de lo que te propusiste.
-Esos extensos días del año en los que toca hacer limpieza de toda la casa.
-Esos normales días del año cuya única función es servir de transición entre otros días del año.
-Esos propagandísticos días del año en que todo está a mitad de precio a causa del día de celebración en turno.
-Esos vagos momentos del año en que te das cuenta que no has hecho nada que sea lo suficientemente grande como para que lo recuerdes por el resto de tu vida.
-Esos desesperantes días del año en que no tienes nada que hacer por la tarde y no hay nada bueno en televisión.
-Esos insufribles días del año en que hay que desempolvar la ropa y colchas de frío.
-Esos patrióticos días del año en los que no hay clases.
-Esos inadaptados días del año en los que aún te bañas con agua fría a pesar de que la temperatura allá afuera sea de 10°C.
-Esos confusos días del año en los que la línea entre halloween-díademuertos-navidad se hace cada vez más difícil de encontrar.
-Esos oscuros días del año en los que hay mucho que comer y muy poco tiempo.
-Esos esperanzadores días del año en los que la bondad del hombre parece emerger de entre todo lo malo del mundo.
-Esos grises días del año en los que te das cuenta que las fiestas de invierno cada vez más pierden el sentido.
-Esos días del año en los que miras hacia atrás y te das cuenta que fue un buen año.

17 may. 2012

Y luego

La conocí durante los cursos de introducción a la Universidad, en el gran auditorio. Tuvimos la suerte de compartir en el único de aquellos 3 que para ese entonces, contaba con un sistema de aire acondicionado útil.

Ella era delgada de piel morena, de alrededor de un metro sesenta, de cabellos oscuros, largos y liso; el centro de su rostro giraba en torno de su nariz triangular. No estaba inscrita en la misma carrera que yo, sin embargo seguimos frecuentándonos durante la semana y días que duraron las pláticas.

Para ella, a modo de experimento, le conté lo que para ese entonces se convirtió en una de mis tantas versiones de mi vida. No sé si lo hice pensando en que no la volvería a ver, o si solo era porque me quería hacer el interesante.

Por alguna razón la platica con ella siempre terminaba cayendo en películas de bajo presupuesto, música antigua y en que me pidiera que dibujase algo en mi libreta. El dibujo del que tengo más en memoria, si no es que es el único que recuerdo bien, es el que me pidió de una paloma. Para su gusto la había hecho muy gorda, pero al mismo tiempo le gustaba eso. Decía que era porque lucía frondosa. Yo la había hecho teniendo en mente los palomos, de los Animaniacs.


Al final de los cursos, hubo unos días de descanso, antes del inicio real del primer semestre de escuela. En ese tiempo me agregó en facebook y seguimos las platicas (monólogos) sobre drogas y sobre miles de amigos adultos con vidas sacadas de libros de Paulo Coelho.

Un día de esos, platicando en línea, le da la novedad de vernos en algún punto del centro a comer y...

***

El primer Halloween que pasé en la facultad me animé por ir vestido. El traje de elección fue ir de Mr Bean. Fue un buen día, y desde entonces he procurado celebrarlo de alguna manera o mínimo tener algo extravagante por ahí para ir vestido a la escuela.

En el segundo Día de Brujas, por azares del destino terminé siendo un investigador privado. Ataviado en una gabardina negra y el resto de ropa de vestir, coronándolas con un semblante arrogante, postura encorvada y manos siempre en los bolsillos. Como dato curioso, llevaba puesta la misma corbata roja que había usado el año pasado.

En fin. Que el día siguió y mis compañeros se encontraron a demás personas vestidas para la ocasión que casualmente conocían. Fue agradable ver a un Maestro pokémon, Terminator, Scorpion y Sub-Zero bien logrados. Mas sin embargo, no les conocía, así que me puse en mi, aquel entonces, pequeña lap azul a escuchar música.

En esas me encontraba, cuando se me acerca una chica y me pregunta que estoy escuchando. Dejo de lado el monitor y la veo. Era de piel pálida, cabellera oscura y corta. Sus ojos profundos, supuse que era la ilusión creada por el maquillaje, pero más tarde me di cuenta que no era así.
MJ - No sé, tu escoge. -Mientras le acerco la pequeña portátil para que viera la lista de reproducción.

Comenzó "Rock you like a hurricane" y ambos iniciamos a tararearla. Nos presentamos. Ella estaba vestida de Alicia, de Alicia en el País de las Maravillas. Así platicamos mientras nuestros amigos en común seguían hablando de cuanto tiempo tenían de no verse. Quizás también ella se sentía un tanto lejana a la conversación principal de la mesa.

Siguió anocheciendo y seguimos conociéndonos. Nos tomamos fotos en grupo todos los presentes en la mesa. Ya de lado, Alicia y yo acordamos vernos algún día de estos fuera de clases y...

***

La verdad no me agrada tener la visita de amigas de mis primas a la casa... o de casi cualquier persona. Pero especialmente son las amigas de mis primas las que me sacan de mi sitio de confort, sin embargo, ya no podía hacer nada al respecto, se me habían acabado las maniobras evasivas y ya era la hora de la comida. Ella también venía incluida.

Ya en la mesa del comedor todos nos dispusimos a comer. La platica estuvo bien, traté de no participar mucho o solo lo suficiente. Simplemente no pude contenerme. Se presentaron demasiadas oportunidades para hacer chistes que las tuve que aprovechar. En fin.

Por lo menos se terminó esta tortura junto con la comida, o al menos eso pensé al momento de haber vaciado mi plato por tercera vez, pero mi madre ya tenía planes para mí y para bajar la comida.

Barrer los pisos de la cocina, comedor y sala la mayoría del tiempo no me es problema. Me es problema cuando también, por razones de más allá de mi intender, mis primas y sus amigas les da por estudiar en el exacto mismo lugar, al exacto mismo tiempo.

Me tragué mi dignidad. Vestido en shorts, playera blanca de mi antigua preparatoria y peinado de media noche y comencé a barrer, llevando la lap de lugar en lugar al que iba pasando la escoba, la cual amenizaba con música ochentera. Habían pasado ya "Africa", "You spin me right 'round", "Down Under", entre otras. Veía como cada vez más captaba su atención cuando:
C - ¿Es Depeche Mode?
MJ - Si, se llama "Enjoy the silence", ¿te gusta la música antigua?
C - Si, me agrada mucho.
MJ -  Menos mal, porque les seguiré molestando con lo mejor de los ochentas.
C - Claro, ¿por qué no?

Al menos eso liberó algo de mi tensión. Terminé de barrer, ellas de estudiar y ya fue hora de que se despidiera.

Pasan los días, y ya olvidado el incidente:
F - "Tienes una invitación de amistad de C". 
MJ - ... raro.


Así comenzamos a platicar cada en cuanto ella se ponía en línea. Sus estudios la mantenían la mayoría del tiempo offline, pero en cuanto podía conectarse, me lo hacía saber a través de mensaje de texto.

De vez en cuando salía a tema el incidente de la escoba, hasta que en una de esas sesiones me preguntó que si un día podíamos vernos en alguna parte y...

3 may. 2012

Donde sea que sople el viento...

He tenido noches en que, como cualquiera de nosotros, no puedo dormir.

A estas alturas del partido, suelen ser noches después de haber cerrado mi libreta de apuntes o de haber terminado de marcar línea tras línea de texto en alguno de esos gruesos libros que tengo.

La verdad es que no siempre ha sido causado por estrés. A habido veces que es por algo mejor. Por el ansia de un nuevo día, por esa explosión de ideas de antes de dormir en la cual el techo se convierte en un lienzo en blanco el cual se puede teñir de tintas infinitas. Y justo cuando mi atención llega el límite, cuando he barajado mil y un formas de resolver mis problemas, cuando he construido y destruido a cientos de yo nuevos y posibles futuros, y cuando a mis manos le quedan pesadas aquellas brochas, es cuando mis ojos voltean a ver a mi amigo de a lado.

Siempre hace ruido, siempre lo mantengo así y ha estado allí desde que tengo memoria. Y así lo he querido, haciendo ruido.

Aquellas noches, cuando apenas estaba conociendo al poco mundo que podía siendo niño, tiempos en que Monterrey solo era el lugar de paso para ir más lejos, ahí estaba para conciliarme el sueño. Para prepararme para el largo viaje para ver de nuevo a mis abuelos, tíos o primos.

Ya de noche y en casa de mis abuelos, al acabar de hojear alguna de sus miles de revistas de ciencia y ficción, me acompañaba para mirar al espacio y ver las estrellas enmarcadas en hojas de roble. Para ver las posibilidades del futuro que traía el mundo de la tecnología y los nuevos saberes del hombre. Hubo una que otra vez, habiendo yo terminado de leer, en las que las hacía de guardián, espantando a los extraterrestres que me acechaban mientras trataba de cerrar los ojos.

Las vacaciones se acababan y ya en el punto de descanso, volvía a verlo de frente para que me dijera susurrando, que todo iba a estar bien y que mis amigos estarían allí de nuevo para cuando regresara, mientras que, del otro lado, siempre permanecerían las estrellas, la ciencia y los extraterrestres esperando.

18 abr. 2012

Carta corta al consumismo

"Una visita al super mercado puede sacar lo peor de uno..."

Apenas doy el primer paso fuera de la casa y ya sé lo con lo que me voy a encontrar; un viaje a través de un árido camino artificial, el cual no hace más que reflejar el sol sobre mi cara, encogiendo mis ojos y haciendo más insoportable la travesía.

Por donde miraré habrá asfalto, plástico y acero. Esa es la ciudad, solo eso y uno que otro humano por ahí, adornándole, uno de entre miles a los cuales no les importa nadie, gritando improperios, ensuciando el ya contaminado aire, dirigidos para aquél el que está adelante, el cual comparte igual sentimiento por los demás, en especial por ese bastardo que me está gritando ahora mismo, el cual quiero que sepa que no me moveré por que aquí daré la vuelta.

Veré a esos sujetos, parásitos con franela en mano, sacudiéndole en giros mientras dicen que el paso está libre y que el carro puede moverse, después de haberte brindado el vital servicio del cuidado de tu auto mientras hacías tus compras, algo que en primera instancia, ni siquiera debería de ser necesitado.

Ya sorteados mis recién conocidos primos, que también incluyen entre sus servicios con un paquete de lavado automotriz, entraré a la tienda, donde me encontraré a seres de aspecto irreconocible. Gigantes, de ropas manchadas y pasos lentos, torpes como ellos mismos degustando muestras gratis de yogur bajo en grasas y azúcares.

Cuerpos que han aceptado la idea de deformarse entregándose al derroche de objetos que no necesitan, siendo consumidos por lo que ellos mismos irónicamente llaman consumos. Ciegos atados ante la idea de que su capacidad es deber, merodeando entre los interminables pasillos llenos de permanentes rostros fríos alegres, rostros que saben de esa ignorancia y se aprovechan y viven de ella.

Y uno que otro estará en familia, otros solos o en pareja. El resultado será siempre el mismo. Solo que en la familia será un niño revolcándose en el suelo y una madre negligente. En la pareja habrá discusión sobre si debimos haber viajado mejor al otro super o no, porque allá aquél tinte que quería estaba más barato qué aquí, mientras que el solitario "escribe" en su aparato todas las cosas que ve y piensa o no en adquirir, en su lento paseo sobre el carrito.

Habrá desdichadas oportunidades de toparme con el último hit de la música popular por lo parlantes de la tienda, a volúmenes estratosféricos acechándome a cada paso que doy con sus letras huecas y ritmos mesméricos, siendo utilizada por el carismático edecán de la compañía de carnes frías para invitarnos a comprar la última oferta en embutidos.

Dejados atrás estos personajes desagradables, completado la lista y luchado, con lo que presumo, fue una ama de casa tres veces mi tamaño por las mejores jícamas, llegaré a la caja y vaciaré mi carro sobre la banda transportadora. Pagaré y diré que no al redondeo para la Casa Hogar y hundiré esos centavos hasta al fondo de mi conciencia.

Terminaré viendo la única luz al final de mi viaje en la sonrisa del anciano que envolvió en bolsas mis víveres y el cual me desea un buen día, a quien claro sí le daré mi cambio.

En fin...

1 abr. 2012

Choque de Titanes

Ó "Sobre mis roces con la cristiandad"

La mitad de mi familia por parte de mi madre se han pasado del catolicismo al cristianismo.

Al principio pensé que eso convertiría en algo incómodo el juntarnos con ellos, llevando toda conversación casual y cotidiana a un intento más en convertirnos y salvar nuestras almas. Admito que mi primer referente fueron los Testigos de Jehová y las pocas personas que realmente he conocido en sus filas.

Ciertamente me equivoqué en estar paranoico al respecto... en casi todo.

Siempre consideraré como incómodos los domingos por la mañana que, estando nosotros en su casa o ellos de visita en la nuestra, que ellos nos invitan a su iglesia y los momentos entre lugar y lugar cuando viajamos en el auto de mi tío cuyo sistema de sonido siempre tiene CD's cristianos. Pero esos chascos siempre se pueden contrarrestar a la alegría que me da que al pasar por una tienda de artículos católicos o al ver MariaVisión por instantes y:
MJ - Tía, ¿qué son esas imágenes paganas de hombres cuyas personas que les idolatran las hacen pasar por santos? ¿qué son esas ceremonias ancestrales ministrados por hombres de ropas arcaicas e inciensos rituales?
Tía - ¡Son pura perdición, pura idolatría! ¡No les hagas caso!

A lo que queda de mi familia les ha llegado el mensaje y les ha dado por ir cada domingo a uno de los muchos templos cristianos que, de un tiempo para acá, han estado proliferando por toda la ciudad alzándose en, desde casas populares hasta grandes edificios erigidos particularmente para rendir culto.
Ya he ido un par de veces, es divertido y ciertamente no es como la misa católica. Hay veces que pareciera que lo único que falta es el coro de afroamericanos corpulentos cantando de manera celestial.

Pero la verdad es, y como fue con esta primera, que creo que la religión establecida no es del todo lo mío.

Es difícil no sentirse alienado con gente cristiana, cuyos rostros felices y brazos abiertos le dan la bienvenida a su congregación a un completo desconocido. Tampoco es de mucha ayuda el ver gente temblando a mi alrededor, desmayándose o aplaudiendo y gritando "Amén!" con lágrimas en los ojos. Así como también no es difícil sentirse alienado en los grupos de jóvenes católicos en donde todos conocen a todos y cuyas fotos grupales con playeras "Retiro Espiritual 2012: Deja entrar a Jesús en tu vida", son del mismo grupo que aparecerá más tarde en Facebook, cada uno de ellos sosteniendo una lata de tecate light.

Pero estaba...
Esta vez me desperté temprano, solo para recordarle a mi madre que no iría esta vez al templo. Ella dijo que sí, pero a cambio me dio un par de deberes por hacer mientras no estuvieran. Mi hermano por supuesto que fue, el conoció a una chica atractiva.

Lo bueno de hacer las cosas solo, en especial, los quehaceres, es que nadie te dice como lo debes de hacer y qué no hacer. Confieso que me agrada hacer cada movimiento de barrer, sacudir y trapear de manera exagerada y en coreografía al compás de la música a alto volumen.

Fue así como le saqué el brillo a los azulejos del baño, lavé la alfombra y barrí la estancia y mi cuarto bajo el trance de deliciosos ritmos de reggaeton durante esa mañana, entre otras cosas productivas que hice.

Ya entrando la tarde, fue que regresaron a casa y nos sentamos a la mesa a comer. Comenzamos a platicar un poco:
M - El pastor preguntó por ti...
MJ - [...] ¿Y qué le dijiste?
M - Pues que no querías ir.
MJ - ¿Por qué le dijiste al padre qu... ? [...] No importa. Supongo que la honestidad es la mejor política.
M - Pastor.
H - ¡Si! Y arderás en las llamas del infierno por tu desobediencia.
MJ - Bueno, al menos les habré dejado el baño limpio...
H - ¡Regáñalo, ma'! ¡Por sacrílego!
MJ - Si, soy todo un cínico.
M - Mm...

25 mar. 2012

Débil

Ó "De hombres y sus demonios"

Estábamos sentados, sin nada más importante ocurriendo más que la espera a que nos llegara la hora de clases.

En eso que llegan uno de esos grupos de gente feliz con playeras de colores brillantes y letreros de "abrazos gratis" cuyo único fin es el de sacarle a todo el mundo una sonrisa. Al principio estuvo bien y era agradable que estuviesen allí. Eran jóvenes que se veían normales y agradables. Hacían mucho ruido e iban de aquí a allá repartiendo abrazos y frases más sobadas que el averno, pero no estaba mal. Yo y mis compañeros recibimos uno que otro abrazo de ellos y un pequeño mensaje escrito en una tira de papel, estilo galleta de la fortuna.

El mío decía: "Sonríe. Eres sexy." El de un amigo, quién se negó a recibir un abrazo y podríamos categorizar como una persona cuyo aspecto físico no cae en el concepto tradicional de belleza, decía: "Sonríe. No sabes cuanto tiempo te durarán los dientes." Le pregunté que si cambiábamos papeles. Dijo que no. Luego le pregunté que si yo le podía dar un abrazo. Respondió que por supuesto que no.

Pero cosas más importantes estaban pasando... y de connotaciones no homoeróticas.

Los sujetos comenzaron a bailar y cantar en el pasillo central. Primero los vimos con algo de humor, estaban tan enfrascados en su cruzada contra el mal humor del día común escolar que ya habían perdido parte de esa frescura y tono. Ahora más pareciera que iban a comenzar a decirnos que estar en las drogas es algo que no está del uno, que si comemos cosas sanas nos pasarán cosas chidas o que Jesús era un gran tipo.

Y después de que su círculo de oración se convirtiera en una fila de conga, fue hora de actuar y emprender la huída.

Caminamos a la segunda unidad de la facultad y tuvimos suerte en rápidamente encontrar una mesa desocupada, así que nos sentamos. Pero ya era algo tarde y la fila de conga en su serpenteante, implacable y estridente camino de sonrisas y abrazos nos siguió hasta allí, donde nuevos integrantes que salieron de no sé, se le unieron.

MJ - Diablos, diablos, diablos, diablos, diablos, diablos, diab...
D - ¿Un abrazo amigo?
MJ -Damn it!- Ahm... bueno...

Si no la abrazo, seré un amargado. Un anti social y apático. Un estorbo en su camino de conscientización de las masas. Una sonrisa puede cambiar al mundo, así como el abrazo desinteresado de una desconocida, pero atractiva, puede traer alegría a la vida cotidiana de alguien. Creo en su movimiento y en sus ideales.

Pero había un detalle... esa mujer era de verdad atractiva...

Si acepto su abrazo sin siquiera pensarlo, si acepto su invitación, sin siquiera dudarlo, seré un necesitado del contacto, de su belleza. Una persona que no ve más allá del movimiento que representa ese abrazo, más que la simple recompensa de la carne, en el beneficio propio y el egoísmo.

Seré débil. Empequeñeceré mi pensamiento aceptando que las cualidades físicas van más allá que las del espíritu y la moralidad al cederle el poder por sobre los demás por su mero aspecto físico.

Seré uno más en la enorme cadena de hombres que...

D - ¡Abrazo! -Y rodeó mi cuerpo con su figura-
MJ - Mm... -Tomé la chica con mis brazos por sobre sus hombros y...-
DI - Nada más no aprietes tanto, ¿no crees?
MJ - ¡¿Qué?! - Retirando las manos en acto reflejo. La chica soltó una risilla- Gracias, señorita. -dije, casi susurrando y sonrojado.
D - De nada... ten un buen día -Una sonrisa después y ya no estaba aquí.

16 mar. 2012

Azulejos

Viajábamos regularmente para la casa de abuelita solo para quedarnos un par de días. Mi madre decía que de vez en cuando teníamos que darnos esas vueltas porque como ella vivía sola y eramos sus familiares más cercanos a ella, era nuestra obligación. La verdad no me importaba mucho la razón que fuese, siempre y cuando me dejaran perderme solo en la, para mí y en ese entonces, inmensidad de su patio trasero.

Abuelita vivía en una casa grande, de esas de las de antes, que la hacía ver aún más solitaria. Tenía muchos cuartos, ventanas enormes, pasillos largos, frente de ladrillos color marrón, un tragaluz central y claro, su enorme patio trasero. Era el lugar perfecto para correr y había muchos lugares para esconderse cuando estaban mis primos y nos tocaba jugar. Y para cuando estaba solo, que era en la mayoría de las veces, la estrella principal del patio, entre las matas, árboles de fruta y arreglos de jardín, era la gran jaula de pájaros que tenía.

Estaba suspendida del suelo en una base de tres pies, hechos de madera. Sus enrejados de color blanco tenían forma de carpa de circo con detalles en espiral en la copa y en la parte inferior, la cual estaba inundada con manchas que iban del óxido a la popó.

Los viajes se hacían más frecuentes conforme iba el tiempo. Ya hasta había armado una rutina. Siempre que llegábamos de visita, y a menos que el clima estuviera malo o hubiese mucha gente, la segunda escala dentro de la casa, era visitar la gran jaula blanca. La primera era, claro, un saludo a mi 'buelita y echarme un chocolate con donas echas a mano.

Las horas que no me pasaba frente al televisor de la sala, las invertía enfrente de la jaula, tratando de darles de comer a las pequeñas, quitándoles el periódico y poniendo nuevos o tratando de averiguar que canto le correspondía a cada cual.

A veces, en el camino de regreso a casa, miraba a través de la ventana del carro las aves pasar. Por encima del carro, arriba de los cables eléctricos y más allá de los postes de luz, ¿cuál era la diferencia entre esos de allá arriba y los que están en la casa de abuela? Eran los únicos que conocía de frente y los de allá arriba solo sé que son aves porque se supone que son aves.

Los meses pasaban. Los viajes iban y venían. Abuelita, envejecía más y más. Le era cada vez más difícil hacer movimientos, respirar se le dificultaba de cuando en cuando. Ni qué decir del caminar. Me asustaba un poco verla así.

- ¿Puedo ir a regar las plantas?- Me escapaba un poco. Las matas, los árboles y los arreglos comenzaban a lucir descuidados, pero mi verdadera preocupación se concentraba en los pájaros. Ya no tenían el cuidado que tenían hace tiempo, pero hacía lo que podía con mi esfuerzo y estatura.

- ¿Iremos a casa de tu mamá este fin pa'?- Le pregunté a mi padre, el me miró y sonrió, asentó con la cabeza, pero su mirada fue triste. Quizás, confundía mi interés en las aves con el estado de mi abuelita, pero con que me saliera con la mía, estaba bien.

Entonces pasó. Era cuestión de tiempo, pero de todos modos, a todos nos llegó de sorpresa. Mi papá lloraba sentado lado del ataúd junto con mis tíos, mientras mi madre solo le acariciaba el hombro, sin decir nada. La sala estaba llena, como en Navidad, pero esta vez todos estaban vestidos de negro y las únicas luces que había en ella eran las velas.

Mis primos no decían nada. Supongo que no sabían como sentirse, de nosotros, yo fui el que más convivió con ella durante los últimos años y algunos, eran demasiado pequeños como para haberla conocido en sus años buenos. Estar rodeado de ellos me hizo sentir incómodo. Así que escapé como siempre lo hacía.

El patio se veía más grande que nunca y yo sintiéndome más pequeño que de costumbre, eso no ayudaba mucho. Las plantas estaban decaídas, los árboles lucían desanimados, parecían no podían mecer sus campanas de viento y a los rehiletes parecía indiferente la ocasión. Lo único que se escuchaba en la inmensidad era el cantar de los pájaros.

Nadie más estaría para ellos. Ya no tenían a nadie y ellos lo sabían.

-cling!-

Una de las campanas cortó la monotonía de su canto. Volteo hacia las ramas y ahí estaban, los inadaptados volando por encima de los árboles, de los cables eléctricos y más allá de las luces de la calle, pero no por encima de la nubes. Nunca encima de ellas. Esa era su jaula y lo comprendí.

Abro su cerradura y me retiro unos pasos hacia atrás. Se miraron entre ellas desconcertadas, pero pronto hubo un primer valiente. Dio dos saltos y ya estaba en el marco de la puerta, me apuntó con el pico, volteó con sus hermanos y echó el vuelo. Le siguieron una, luego otra, después otra, otra y la última. Cantaron todas conforme iban saltando.

Escuché unos pasos tras de mí. Era la masa gris, liderada por mi padre, que se encontraba en esos momentos de porte rígido y de unos húmedos ojos rojos. Me sentí capturado.

- ¿Qué has hecho?- Y soltó una bofetada. Retrocedí un paso de la fuerza de su embestida. Se escuchó un eco en toda la casa que acompañaba detrás del resoplido unísono de mis familiares. Mi padre entró a la casa, sin dirigir la mirada a nadie.

-cling!-

Miré al cielo, pero no estaba nadie. Ni los desadaptados ni la hermandad de la jaula blanca. Nunca volvería a verles más. Ni a ella, ni a las plantas, los árboles o el patio de esa casa.

Desde ese momento, odié a la mamá de mi padre.


13 mar. 2012

Sobre un tipo llamado Javier

Javier es un joven alto y moreno. Su cabello es oscuro y tiene un problema serio de caspa del cual pareciera que yo soy el único consciente. Es delgado y de musculatura lo suficientemente marcada como para que a un amplio porcentaje de las damas les parezca atractivo. Es el tipo de sujeto que siempre está alegre y positivo, siempre balanceándose en la línea entre lo irritable y lo infantil. Suele gesticular de manera exagerada mientras dice frases del tipo:
- Aguelita que sí!
- Al chicle!
- Nos vemos el dormingo!
- Oki doki

Todas siempre coronadas con su respectivo "viejo" al final.

Básicamente es el tipo de sujeto al que le hablas por primera vez para ver si es real. Luego, al ver que es de verdad, le hablas con malicia para reírte un rato por dentro.

Confieso que me encanta imitarlo, viejos.
J -Se me hace que ahora si se va armar el viaje en vacaciones.
MJ - ¿En verdad?
J - A hueso, viejo. -Acompañado de su clásico movimiento hacia delante de su mano derecha- Nada más avisa a más gente que tenga carro, para movernos.
MJ - Claro, man.
J - Para que sea como la última vez. En verdad no puedo creer que me hayas seguido ¿Cómo diablos tomaste esa decisión a pesar de tenerle miedo a las alturas? -Y lo hizo de nuevo- Pensé que ibas a tomar el camino del tronco y no el de la escalada.
MJ - Si, bueno... -No puedo evitar ruborizarme- la verdad es que -Me reincorporo- no quería esperar a que uno por uno pasar por el otro camino. Supongo que soy más terco e impaciente que miedoso.
J - Yeah! Sabía que podías desafiar tus miedos.
MJ - Gracias... ¿ qué tu no tienes algún miedo o algo así?
J - Cambia su tono del perpetuo alegre a uno frío y serio- Buena pregunta. -Hace otra pausa- Creo que no viejo...
MJ - ¿En verdad? ¿Y cuál es el secreto, man?
J - Ser intrépido. -Desaparece ese Javi que, quizás, jamás volveré a ver. Si ya decía yo...- Lo he sido desde que era un nicho. Ya sabes, un niño super inquieto que le encantaban las travesuras. Vivía de caídas y raspones, de árbol en árbol.
MJ - Comprendo, hermano... comprendo.

En cuanto ese tipo aparece, en automático tiendo a imitarlo. Quizás, muy en el fondo, le tengo envidio al tipo. Envidia de que sea tan positivo con todo el mundo y más sin embargo esté tan desconectado de él, que se puedan reír en su cara y el ni siquiera lo notará. El simplemente seguirá llenando de "viejos" sus oraciones y haciendo "yeaaah!" cuando diga un comentario gracioso.

Cómo verán, Javi es el modelo a seguir.

22 feb. 2012

La caja loca

Caminaba por las calles de la ciudad ensimismado en mis pensamientos vagos y necesidades mundanas, en cuanto no pude dejar de notar, al doblar una esquina, un pequeño niño de apenas el metro de alto, descalzo y de rasgadas vestiduras con una guitarra antigua, tocando con la pasión y finura de un gran genio.

Impulsado por el hambre, su mano serpenteaba por los trastes con resultados hipnóticos. De pronto niños, parejas e individuales, gente se iba agolpando en esa esquina conforme el niño daba cátedra de sus habilidades.

En cada rasgueo y en cada acorde, más personas se sumaban para escuchar tal inesperado y bello espectáculo.

Al terminar su pieza, yo, junto con el pequeño público que se había formado a mi alrededor, aplaudimos maravillados. El niño, cabizbajo, solo asentó a la audiencia, la cual replicó el gesto con monedas al gorro que yacía frente a él.

Seguía impactado por las habilidades del joven, así que no dudé en acercarme. Hice mi camino de entre la multitud y pregunté al joven prodigio:
- ¿Qué te inspira? ¿cómo llegaste a tal perfección?
- Toco esta música... por mi padre señor - dijo el pequeño, casi suspirando. Su tesón parecía solamente estar reservado para su guitarra-, podía escucharla durante todas las noches en la vieja radio que él tenía en su viejo taxi cuando aún vivía. Entre cada parpadeo en el asiento trasero, mi universo se reducía a lo que podía ver de las luces de la calle, pasando una tras otra al compás de esa música... son los más bellos recuerdos que tengo... señor.
- Ya veo... ¿hay algún nombre que recuerdes de aquellas noches? Alguna banda, algún artista.
- Recuerdo una, de entre los cientos que solían mencionar, era la cual más me llamaba, de la cual tengo el recuerdo más vivido dentro de mí... su nombre era The Beatles.
- ¡¿Qué?!

Una bofetada salió de mi mano, tan automática, casi instintiva. Se escuchó la muchedumbre tomar aire al unísono mientras el niño, el cual terminó en el suelo, temblaba por la súbita inesperada ráfaga de dolor. Voltee a mi alrededor, solo encontré miradas de desaprobación y deseosas de venganza... y que me fui hecho la verga.

***

Encontrabame yo en un estado terrible, el cual nublaba mi trabajo, mi habla y mi sueño. Esas situaciones del corazón que no se arreglan como enfermedad, tomando una pastilla, agua y una buena siesta. Abatido, un amigo preocupado al verme en tal situación, me contó de un gran sabio que vivía a las afueras de la ciudad, el cual decían, tenía el poder de curar cualquier malestar con el mero don de sus palabras.

Sin nada que perder, acepté la sugerencia de mi amigo y di un viaje a las periferias, donde casas alzadas sobre predios desolados abundaban. De entre tejabanes modestos de madera y cartón, una se asomaba en particular de las demás. No por ser la más arreglada, ni porque fuese con la que más lujos contaba, era algo en sus alrededores, algo en el aire que se sentía más fuerte conforme uno se iba aproximando. Mi amigo me comentó en su platica que con el simple hecho de estar ahí, daría con la casa. Quizás ya estaba algo sesgada mi visión, pero de todos modos no podía dejar pasar esa presencia como algo real, reforzando la mística de aquél desconocido personaje.

Apenas estuve yo cerca de tocar la puerta, la puerta se abrió.
- Se a lo que vienes, y no es que sea algo difícil -soltó una risilla-, se lo que todo forastero hace que se dirija a este lugar, trataré de no decepcionarte.- dijo el viejo con una voz segura y ecuánime, mientras con una seña de su mano me invitó a pasar.

Caminé encorvado, la casa estaba hecha a medida del anciano, a cada paso sentía el rozar de los maderos por sobre mi cabeza. Le seguí las espaldas, escudriñando el vacío de la misma con la mirada.

Con otro movimiento de mano y sin siquiera virar la cabeza, apuntó a la mesa y me senté. Por fin me miró a los ojos, tomó asiento y me ofreció una bebida extraña, parecía un té. Accedí y di un par de tragos.
- Como lo mencioné antes, se a lo que la gente joven como tú viene a visitarme y sé por tu mirada que tú no eres diferente a los demás.

Bajé mi mirada y observé con detenimiento mi reflejo en la bebida, sobre la austera mesa del comedorsillo. Entonces el anciano, abandonando el tono servicial de la bienvenida, dijo:
- Lo único que tenemos seguro en la vida es que, no importa que tan crudo haya sido el invierno, después de él, siempre habrá primavera.

Terminó de pronunciar esas palabras, cerré los ojos y di un profundo respiro a los humores que despedía mi bebida. Sentí como mi alma de re encontraba la esperanza que había perdido. Expedí el aire y abrí los ojos a la nueva etapa que seguramente comenzaría en ese instante en mi vida, y entonces lo vi... el anciano se despojaba de sus ropas mientras tarareaba "Careless Whisper" y que me fui hecho la verga.