30 sept. 2015

Hoy caminé

Hoy caminé. 

Era noche y me dirigía a la parada de autobús. Es una parada especial en la cual se conjuntaban mariachis, personas llamando a sus parientes en los Estados Unidos a través de las casetas de cobro en moneda y trabajadores maquiladores, observando los rutas que no son las propias pasar y los ex-drogadictos limpiar carros con velocidad propia de técnicos de los pits de fórmula uno haciéndolo sin morir en el intento. Era algo admirable, o bajo tales condiciones, apreciable de observar durante la espera.

Venía de buen humor... venía de humor... no estaba triste, así que comencé a llevar el ritmo conforme al acercarme, llegué a escuchar más allá de la música de mis audífonos el tocar de violín de uno de los mariachis, Sonaba a algo de arte clásico pero me era indeterminada la pieza, y alrededor de ellos, giraban y se perseguían una mujer joven de barrio persiguiendo a un joven mientras le gritaba improperios al no alcanzarle, probablemente por su sobre peso, a pesar de su corta edad.
- Puñetas... si serás culo!
- HAHAHAHA
Respondía el joven, de apariencia delicada a pesar de claramente pertenecer a la zona a su alrededor, al mismo tiempo que seguía con su inspirada música el violinista de aspecto nacional. Seguí caminando yo y el hombre vio mi caminar de acuerdo a su ritmo, me sonrió y yo le regresé el gesto, hice un ademán con la mano aclarando que todo estaba bien y me posicioné en la parada.

El espectáculo de los hombres limpia carros seguía sin importar que hubiese espectadores o no, ellos hacían lo suyo y nosotros, lo nuestro que era esperar. Lo de otros fue llamar por teléfono y preguntar por dólares. Lo mío era ver a todos y mirar juiciosamente a la mujer que seguía gritando jaladas al joven que le seguía escapando.
- Quizás si la sigo viendo con la mirada, me llegue a observar, vea la furia en mis ojos y se llene de vergüenza, pudor y temores judeo cristianos.- Pensé, más sin embargo no fue así, estaba demasiado metida en atrapar a ese chico que se veía aún más femenina que él. Seguro era por su sobre peso... y su falta de ideas al vestirse.

Ya era demasiado tiempo pensando en los buchones rentando músicos para sus cerradas de calles, la persecusión diabética y los adictos a la limpieza automotriz, que noté a un hombre y su clara ansiedad ante cada camión pasando frente a él. Su corte de cabello era corto algo descuidado, al contrario de su bigote y barba que presentaban uniformidad estética, llevaba un mono azul, con el logo de la empresa estampado en lugares estratégicos pero nada que abrumara a la vista. Obviamente no eran los que él esperaba, y descartando, me di cuenta que esperábamos la misma unidad. 
- ¿Espera el 213?
- Así es... pero nada más no ha pasado... ¿por qué? ¿acaba de pasar?
- No, de hecho, y me imagino, he estado esperando más tiempo que usted y al mismo camión... pero ya no debería de tardar con tanto tiempo que he estado aquí.
- No pues si... ya... ya hace falta que pase.
- ¿Va pa'l jale verdad? ¿Aceros? ¿San Nicolás?
- Si, para allá... por la Galletera, ¿por qué? ¿tú también para Sannico?
- Si, un poco más para 'dentro, pero si.
- No, si... -dejó un espacio en su réplica para revisar su reloj- ... no pasa en 10 minutos tendré que tomar un taxi...
- Entra a las...
- ... 10:30... me quedan... 10 minutos... y si no... pues un eco... ni modo... vas para el mismo rumbo, ¿no?
- Si, básicamente...
- ¿Qué tal si lo compartimos? Yo me bajo ahí, tú le sigues para donde vas... y ahí dividimos la cuenta.
- No pues... -pensé que, a mi el tiempo no me importaba, pero el hombre sentía y realmente quería llegar a tiempo, quizás algún bono de puntualidad... o alguna multa por su inconsistencia. El hombre parecía tener solo 40 pesos en su cartera, al igual que yo y un taxi hasta allá le cobraría todo eso... y quizás unos pesos más-... si... sirve que ambos vamos pa' donde mismo. Si... que se arme.
- Le doy 10 minutos pues... y si no... pues le doy el parón a algún taxi.

10 minutos se dieron y esos pasaron. Varios camiones a la lejanía con el mismo tipo de modelo de unidad y patrón de colores. La ruta era diferente. Fueron 3 y en los 3 casos el hombre vio el reloj.
- Taxi... ?
- Taxi... ¡y creo que ahí va uno! 
Dicho eso, uno de esos carros verdes paró de un tirón al tiempo que se orilló ante nosotros, el hombre abrió la puerta rápido y yo apenas y me puse a su ritmo, ambos abordamos el auto de alquiler. Música de rap muy ligera en volumen inundó el ambiente junto con un polvo denso inodoro y el conductor tenía una pinta muy... urbana.
- ¿Para dónde?
- Avenida de los Jóvenes... ¿por la Galletera?
- Saco la galletera... pero de avenidas... pues nomás' no... ando medio norteado. Ahí namás' te pido que me vayas diciendo por donde porque ando medio norteado, que no es mi zona.
- ¿Para donde es tu jale regularmente?
- Mira, mi zona es Guadalupe y Juárez... -Oh, con que eso explica- nomás' que me movieron pa'acá por cosas del turno, la noche y la madre... así que si... ahí namás' el favor.
- Si mira aquí le darás...
De cierta manera me alegré que fuese acompañado. Una de las cosas que odio es dar direcciones e indicaciones. A veces las izquierdas me son derechas y las derechas fueron izquierdas y en más de una ocasión terminé a un par de cuadras más adelante o atrás de mi lugar de destino al viajar dentro de taxis.

Estando ya en avenida De los Jóvenes, mi acompañante me cedió 2 billentes de 20 pesos, y dijo que de querer seguirle, ahí estaba su parte del pago, y tan pronto el auto se detuvo, siendo esto aún bajo carriles de circulación se bajo con sus billetes ya en mi mano. Decidí mejor ahorrarme el chasco y pagar de una vez y completarle la tarifa al chofi, que fue de alrededor de 50 pesos. El hombre no tuvo cambio y mejor lo dejamos así. 
- ¿Nomás' no tienes uno dia' 10?
- No mano... ¿usted?
- Tampoco...
- No, se la debemos... pero mire... mejor la dejamos así, ¿si? Ni pedo.
- Ya estás camarada... 
- Gracias.
- Sobrs'.
Salí de la unidad y ya en la banqueta el hombre miró de vuelta. Me acerqué a él y me dio las gracias por acompañarle y por el pago de la cuenta. Se despidió y me deseó cuidado. Yo hice lo mismo para con él y al voltear el taxi que abordamos dio "vuelta en u", de esas, permitidas, para muy seguramente, regresar a su zona que muy bien representaba.

La noche me recibió bien de nuevo, y el viento corría libre con el aroma de galletas, cloro y tierra mojada, todo al mismo tiempo. Algo de caminar y caminar entre industrias, lotes baldíos, avenidas espaciosas y de baches por el tráfico pesado y ya estaba de nuevo en la civilización, lo cual celebré entrando a la primera tienda de conveniencia que pude encontrar. Descansando en su entrada estaba una vieja mujer, con trasero en banqueta y pies en las calles, cantando:
- ¿Una ayudadita?
- Hoy no será hermana... lo siento.
- Gracias.
En automático seleccioné mis compras y pasé entre los pasillos. Esa tienda se caracterizaba por ser siempre un desorden de cajas y charcos. Ya pues, con mugrero en mano, bebida en la otra y con el cajero enfrente... el cual pasaba suavemente una navaja a lo largo de su brazo:
- Eh... no... no vale la pena... !?
- Ah... es que... me estoy rasurando estos pelitos de... 
- ... ah...
- Y... va a ser todo?
- ... si.

Saliendo de la tienda, el mismo bulto aguardaba y su canción seguía, y, en el mismo estilo de los limpiadores de autos, el canto seguía independientemente de la presencia de audiencia o no.
- Una ayudadita... monedita... por favor.
- Mire, hermana que soy el mismo al que acaba de preguntar.
- Ah... no... perdone. Vaya... pues...
Caminé hacia la calle, y con el semáforo en verde dando el paso al tráfico me di la media vuelta hacia el bulto de humano.
- Pero puedo hacer algo por usted... podría... orar un poco si gusta...
- Claro claro... pídale a Diosito que...
- Claaaro que le pedimos a Dios... pero, ¿y qué le queremos pedir?
- Por mi pierna que me duele y que me...
- ¿Y por qué le duele tanto? ¿Que acaso camina mucho usted?
- Si es que camino mucho y...
- ¿Viene de lejos? ¿Usted no es de aquí?
- No, yo vengo de muy lejos... Zacatecas está lejos y... 
- Entonces pidámosle al señor por su pierna... porque en él puede haber sanidad y...
- Si, puede haber sanidad...
- Sanidad que usted necesita y que ahora mismo no tiene...
- No, no tengo, no tengo sanidad y yo quiero...
- Quiere que la gente la vea... y le ayude, pero primero usted debe ayudarse, pidiéndole al Señor que...
- Si, le pido al Señor que me ayude a seguir porque a veces no puede...
- Claro que puede, y en el nombre del Señor que si podrá... claro que...
Abracé a la señora, que frases ya más arriba, había comenzado a llorar. El hedor de problemas hepáticos y diabetes me fue claro a la primer olfateada y fue progresivamente más incómodo el aguantarlo, más allá de las lágrimas que más que agua parecían, sal húmeda brotándole de los ojos. 

La verdad es que no creía en nada de lo que le dije, no de manera estricta realmente, pero al dejarla ahí, en la banqueta, y despedirme de ella deseándole que Dios le guardase mucho, me sentí bien. No le había dado un peso pero tenía una sonrisa que, me agradaba pensar, ninguna cantidad en monedas le podría haber dado... aunque quizás Sor Juana le podría hacer tal milagro, pero es algo que no quería pensar tampoco, solo quería seguir caminando y que las cosas siguieran. 

Otros incidentes más pasaron sin pena ni gloria y ya estaba en casa, frente a la pantalla de mi computadora móvil y con mis manos en mi comida chatarra. Era solo la vida sucediendo. Supongo.