27 dic. 2015

Interestelar

Nunca había visto el cielo así de estrellado en mi vida.

Estábamos en el frente de la casa los cuatro con una panorámica de postal. La iglesia, el lago reflejando el atardecer, y la única mata espesa de árboles en kilómetros. Descansábamos después de un día largo de exposición al sol, polvo y a esas malditas vacas. Amenizaron el ambiente con música "para biólogos" con la lámpara-radio-mp3. Bebimos un poco.
- Es que esto es la vida, te digo. Solo sentarse... y estar. En la ciudad. Puedo estar en la ciudad, conocer gente, liarme con algunos tíos. Pero estar. Solo ser. Solo se puede aquí.
Los rojos, naranjas y azules se combinaban chocando con los bordes de las nubes mientras hablábamos. Era una locura, y los más grandes comenzaron a hablar de cámaras cuyas lentes fueran lo suficientemente buenas como para captar todos esos colores.

Habían traído cervezas de nuevo, una caguama para cada uno para decirle hola a la noche. La mía la acepté luego de un "¿Nos vas a dejar morir, Canalillos?". Un gran acto de persuasión. Sentados ya todos en el suelo, en la camioneta o en la banquetilla, mis compañeros no creían en mi emoción.
- Nunca había visto la noche tan llena... la vía láctea tan clara.
- El cielo de Valle estaba así de claro también, ¿no lo recuerdas?
- Cuando iba los días eran soleados, despejados... pero las noches eran nubladas, frías y húmedas. Yo llevaba la lluvia al desierto.- bromee.
- ¿Nunca te tocó así?
- Las varias veces que fui nunca me tocó ver la noche así... algo así como esto nunca.
- ¡MIRA UNA ESTRELLA FUGAZ ALLÁ EN EL...
- Oh... ¿¡qué?!
- Ya no la viste... que debes estar concentrado tío. Seguro ya vendrá otra pasar. Pero atento, venga.

La cosa continuó y se agarraron platicando tragedias entre ellos, con mis cortas participaciones y chistes aquí y allá. Los dos más grandes llevaban la plática, y los dos tipos de extranjeros escuchaban atentos. Yo seguí la plática mientras la mirada la mantenía fija en el cielo. Saqué un par de sillas para estar más cómodo, la primera me la ganó Paz. - Ah, gracias, no te hubieras molestado mi buen...- dijo mientras lanzaba su colilla de cigarro al suelo y acomodaba la silla en el pórtico. Acomodé mi segundo intento de sentarme. Hablaron de tiempos mejores y de personas, verdaderos personajes que salían a esas primeras expediciones. Cuentos de narcos, muertos, fondos de empresas perdidos, penes y trabajos que apenas salieron por borrachera, mujeres, ineptitudes administrativas, errores ajenos y demás chorradas.

Las historias pasaron y cada cuento del pasado terminaba igual, trasladándose al presente bajo la premisa de:
- Pero que fue de aquél... el Viernes?
- Se casó.
- ¿Y del Chinche?
- Ya con güerquillos... anda jalando para Protección Civil. El otro día me invitó a agarrar el pedo ¡Nah! Tira león. Había apenas llegado de un trabajo para la eólica. No lo vi.
- Si, yo tampoco los he visto al cabrón. Ya a nadie le gustan los hoyos funky.

En ese mundillo, todos se conocían, dijeron.. Y si la cagas en una, dijeron también, estarás quemado en todas partes... porque aquél trabajó con aquél... que irá con aquél... y así continuamente en trabajos. Los bichólogos trabajan... y parte de trabajar es estar así también, de repente. Solo platicando. Y así mismo saben quién está o no, o qué está haciendo, donde acaba. En qué termina, porqué y como. El país es grande pero todos se conocen... o todo se conoce.

Una estrella fugaz cruzó de horizonte a horizonte.
- ¡¿La viste?!
- No, ¿cuál?
- ¡Já! Ahora tú la perdiste.
- ¿Entonces qué te parece Canalillos? ¿Zacatecas el siguiente año? ¿Galeana o qué?
- Jaja, ¿de verdad?

Eran un millón allá arriba más otro millón acá abajo.

He sido dañado de por vida.

Fui alguna vez y no sé si lo volveré a ser jamás.